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Crecí en la frontera y desde siempre quise saber quién soy. Luego, al paso del tiempo, ya no me importó saber quién era sino mas bien qué son los otros en mi, y yo en los otros. Luego quise saber qué era la frontera, porqué una gente podía cruzar y otros no. Entonces la frontera creció para atrás y para enfrente, para arriba y para abajo; empezó a ser como yo, padecía, pensaba, amaba, tenía miedos y mil preguntas. Era un caos y a la frontera le pasaba lo mismo que a mí. Entonces, encarné a la frontera. Luego comprendí que la frontera estaba repartida en muchas fronteras y que la gente que vivía en ellas siempre estaba cambiando, como mi ser. Todo esto se desdobló en mis ansias de saber. Así empecé a dibujar, pintar, leer, escribir, performar—sin saber que era esto, pues yo quería saber, y algo o alguien me tenía que dar esas respuestas. La frontera me hizo múltiple por la necesidad de desarmarme las identidades y caminar al encuentro de algo, llámesele justicia, verdad, amor, o espiritualidad. Ahí crecí viendo películas de El Santo y Blue Demon, leyendo la revista de Kalimán todas las semanas, y creyendo que Cristo era performero. Paralelo a esto, mi amada abuela me enseñó el arte de leer las cartas y el pensamiento de la brujería. Un día llegué al Nopal Centenario (1981-1989), ahí conocí a Felipe Almada y a Benjamín Serrano. El segundo sería mi maestro de dibujo y pintura, y el primero un amigo y colega. Luego conocí a Markus Kurticks que sería mi maestro en performa y en escultura. También conocí a Guillermo Gómez-Peña: amigo, colaborador, y una gran influencia en el arte del performa. Esta comunidad me apoyó y cobijó, y la tengo en mi corazón por siempre. Ahí conocí a otros artistas y organizamos peregrinaciones, exhibiciones, arte público, etc. Ahí mi pensamiento político se afirmó entre la universidad y el Nopal, entre lo local y lo global. En 1990 viajé a Brasil y durante un año trabajé y estudié en la USPI (Universidad de San Pablo) en el arte del performa y las artes plásticas. Ahí fue la primera vez que estuve en la cárcel por hacer performa en la calle con cuchillos. La segunda fue en Tijuana, por hacer performa en la calle con una cabeza de vaca y ponerme la bandera en el pecho vestido de zapatista. Luego fui deportado a ambos lados de la frontera, entonces me quede sin frontera y sin patria y sin matria. En 1991 regresé a Tijuana y colaboré con el taller de arte fronterizo. Luego viajé a Sinaloa y di clases de performance en la Universidad. Sigo pintando y grabando, participando en bienales nacionales e internacionales. Luego vienen premios afuera y dentro del país. En 1994, el zapatismo me hace consciente de mi trabajo como artista, y el México profundo me enciende de nuevo. Vienen presentaciones de performa e instalación. Luego me especializo en el arte del grabado monumental y viajo a Cuba a participar en la Joven Estampa Latinoamericana, ahí gran experiencia y gran crecimiento. Después viajo y participo en bienales y empiezo un trabajo más intenso involucrado con las comunidades dando clases de grabado monumental y performa. En 1999 contraigo matrimonio y sigo trabajando como maestro y artista de artes plásticas en escuelas y comunidades. Desde entonces hasta ahora sigo laborando en ambos lados de la frontera en América latina y en Europa. Mi deseo es seguir aprendiendo y practicando, seguir construyendo y conectando comunidad a través del grabado, el dibujo, el performa, la pedagogía y los nuevos medios. Hoy día si ser performero significa estar inventándome todos los días, crear, pensar, hacer comunidad, hacer de la vida un manifiesto en constante transformación y reinvención, entonces soy un performero con el deseo profundo de conectar y hacer comunidad con mi trabajo y con los demás.

Desde la frontera en llamas José Hugo Sánchez.